Hola. Soy Miguel. Soy periodista, uno de tantos. Medio andaluz, medio madrileño. ¿Qué más se pone en estos sitios? ¿El signo del zodiaco? Pues Piscis.
Este es mi blog, que es un como una sábana bajera. Nadie le hace caso, hasta que suelta la goma y vas notando cómo desaparece.
Yo soy del montón. Como la sabana bajera. De esas que sólo llaman la atención al final de la noche… porque aguantan hasta que los pajaritos empiezan a salir del nido…Cuando las guapas ya han encontrado al príncipe azul que las lleve a casa… De las que les da igual hacer el ridículo cuando bailan; de las que les da corte acercarse a ese al que llevan mirando toda la noche; de esas que siempre se toman la penúltima porque no tienen que aparentar… De esas que, como dice la canción, se suben la falda y le tiemblan las piernas… De esas que tienen muchos amigos (y gran parte de ellos de verdad). De esas que dudan, que casi siempre dudan. De esas que sueñan, que casi siempre sueñan. De esas que se ilusionan y que casi siempre se desilusionan… de esas a las que les gusta sonreír cuando las miran por la mañana.
De esas a las que les gusta despertarse y que las abracen. De las que le gustan que las miren mientras duermen. De las que las sigan mirando cuando toman el café. De las que no les gusta hablar hasta después de la ducha. De las que les gusta sentirse queridas, amadas… deseadas. De esas que no son del montón.
¿Qué hay debajo de la sábana de abajo?….
Debajo de la sábana de abajo está ese despertador negro que te regalaron pensando que te hacían un favor y cuyo ensordecedor zumbido mañanero no te deja dormir, están las legañas adosadas a tu lagrimal al entrar en la ducha, está la caldera siempre rota, el jabón del súper que ya no sabes si sólo tiene agua, el tubo de dientes acabado, ese golpe de viento de las mañanas que te hace recordar que necesitas con urgencia un abrigo mejor, las obras de tu calle, las del metro, las del autobús, las que hay al lado de tu oficina…
Debajo de la sábana de abajo esta la hipocresía de tu jefe/a interesándose por tu bienestar, tu malestar por tener que trabajar donde trabajas, las tres tazas de café de la mañana, los archivos, las tablas excell, las presentaciones power-point, tener que llevar corbata, comer de menú y que ningún plato te llame la atención, las horas extra. Está el frío de la tarde cuando dejas la oficina, que tu jefe/a se vaya a esquiar y tú mañana tengas que madrugar de nuevo.
Están también los besos de quien quieres, las cañas con los amigos, entrar en una tienda en busca de un abrigo y que escuches una canción que te guste, cenar pasta, ver una película y disfrutar con su final, la sensación que se tiene los jueves y que te dice que ya llega el viernes, que llegue el viernes; pensar que, con los planes que tienes, este puede ser un buen fin de semana; que esos planes salgan bien; que te hagan una comida rica; que te den más besos, levantarte muy tarde el sábado y que ya no haga frío; que te den los buenos días con besos; recibir una llamada inesperada de alguien con quien hace tiempo que no hablabas; reírte mucho con tonterías; emborracharte; ir al cine; ir a la playa y decir que un día te mudaras allí, aunque no te lo crees ni tú.
Debajo de la sábana de abajo estoy yo.
¿Y encima de la sábana de abajo?
Encima estamos nosotros. Dándonos cuenta que la vida se nos complica, que las cosas no son tan fáciles como parecían. Qué como Carlos dice ya no podemos quedar siempre que queramos. Es más, que casi ya no podemos quedar. Que ya no podemos tirarnos una mañana echados en el césped. Que ya no podemos creernos intelectuales. Que ahora dudamos sobre si nuestro futuro, ya no tan lejano, es el que habíamos buscado durante esos años de cervezas y cigarros a deshoras. Que el amor aparece… y desaparece. Que crees que no eres amada, que nunca más vas a volver a sentirte así… que sólo son encuntros furtivos de una noche… en unas noches de las que cada vez te cuesta más recuperarte…
Y que los abrigos te quedan mal, los planes te salen siempre mal. Se te olvida llamar a esa persona que hace tanto tiempo que no ves. Que el viernes te enteras que tienes que trabajar el sábado. Que en la fila del cine te destripan el final de la trilogía que querías ver, que los besos saben a cerveza, que los mares del sur sigan estando allí, muy lejos
Pero que pese a todo te sigas riendo. Sigas sintiendo. Sigas esperando que las cosas mejorarán… Que el sábado por la noche, pese a que hayas madrugado y no puedas ni con tu alma, puedas verles a ellos en el café La Palma.