De lo zafio, de lo grosero
Reproduzco la carta de uno de los co-autores de la censurada portada de El Jueves (tema de la semana), Manuel Fontdevila:
“Me ha sorprendido, aparte de lo anacrónico y lamentable del hecho en sí, la tibia solidaridad de cualquier cosa que huela medio a oficial. Hablo de actitudes de políticos, de periodistas… (…) De repente la grosería ¡es intolerable! La grosería. La zafiedad. De repente parecemos todos secundarios de un sainetillo.
Está claro que en este país hay unos roles muy definidos para todo el mundo y esperar un gesto de nadie para salirse de ellos es perder el tiempo. Lo cual, a pesar de los -impagables- cientos de mensajes de apoyo de tanta gente, te hace sentir un poco indefenso. O algo así. Es una sensación un poco rara. Cuando una gran mayoría de comunicados vienen a decirte que el secuestro está muy mal, pero que hay que reconocer que eres un zafio, un grosero, que te has pasado y que claro, por otra parte, los jueces actúan con independencia y tampoco vamos a meternos con ellos y con sus leyes… ¿Nos están apoyando?
(…) De repente toda esta gente que están gritando todo el día y llevándose a la boca las palabras más pomposas del diccionario (democracia, respeto, estado de derecho, libertad, patochadas de este calibre, ¿eh?) son un montón de meapilas en sus puestos de trabajo cumpliendo con un papel… la agresividad en el debate público, como la amabilidad para vender camisas en Zara. Y luego, nada. Que estamos en un tiempo de poca ideología, esto ya era de cajón, ya nos lo sabíamos, pero es que encima inspira todo poquísima confianza.”
En España está prohibido el insulto y las amenazas, y muchas veces quedan impunes: como puede suceder aquí y aquí. A mí me resultan tremendamente groseros, ordinarios y zafios
Aquilino Polaino
Eduardo Fungairiño
Marina Castaño
Cesar Vidal, Cristina Sching-tilin, el innombrable, Isabel Donosti y Curry Valenzuela
Y tantos otros.
Y no por eso les censuro. Y mira que a uno le dan ganas.
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